He quemado los maderos
la cruz en la orilla de un río
para arrojar a su caudal las cenizas
Que hermoso espectáculo
me parecía el incendio
bajo el influjo del ron y la nicotina
He despertado extrañando
los clavos de 9 pulgadas
su ternura y compañía
Que deshabitados han quedado
los agujeros en mis muñecas
bajo el sol ya no duelen
He quedado en cunclillas
todavía en la orilla
para ver si un poco de ceniza
regresa de milagro
lunes, 23 de julio de 2007
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